A un paso del 'sold out', Taburete celebra su fin de gira en Madrid

 'Ayahuasca tour' es el último 'show' de la banda, que se fundó en 2015, y ya es toda una revelación dentro de la música pop-indie nacional

Por Loreto Sesma

Creo que es difícil imaginarse lo que es salir delante de miles de personas que corean tu nombre, que tienen memorizadas tus letras como si fueran un mantra. No sé cómo será esa sensación, esa electricidad traspasando cada uno de los poros de tu piel al ver cómo al salir al escenario esas más de 10 000 almas empiezan a agitarse como en un avispero, un despertador de emociones que activa automáticamente el motor del baile o quizás lo correcto sea decir que desactiva el piloto automático de las rutinas. Lo que más me gusta de los conciertos es precisamente eso, esa capacidad que tienen de crear atmósferas únicas, esferas, burbujas, donde lo malo se queda fuera y lo único que queda es fluir con esas canciones que nos acompañan en nuestro día a día y con aquellos que nos acompañan siempre en su canto, los mismos que siempre incitan a una ronda más.

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Cuando observo al público en un directo me gusta imaginar cómo interpretarán esas mismas canciones en sus diarios, así veo al niño coreando a voz en grito con sus padres en el coche, al adolescente en sus primeras fiestas y a la pareja besándose sin esperar a que finalice. Escucho, porque de verdad que las escucho, las copas chocándose en un brindis mientras rugen en las gargantas su canción favorita. Y en este caso no puedo imaginar lo que es para estos chicos salir al escenario delante de esas miles de personas.

Son un nido de amores y críticas, es una carrera de fondo, es un impulso al vuelo más frenético del que llena salas y varios palacios de los deportes en pocos años alrededor de todo el mundo. No intentaré disimular este latido consentido que guía la escritura de este artículo porque como he dicho varias veces en público, me gusta creer en la gente que no se conforma, que sigue nadando aunque sea a contracorriente, que jamás escucha a quienes les dicen que no se puede soñar más alto. Ellos siguieron, siguieron haciendo lo que les gustaba, es decir, música.

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Taburete colgaba el otro día el cartel de las últimas 500 entradas para su concierto de fin de gira del Ayahuasca Tour del 28 de junio en el IFEMA anunciando varias colaboraciones, entre ellas la de Hombres G. Me sonreí al verlo porque no pude evitar pensar que lo habían vuelto a hacer. Acto seguido, me imaginé qué sería para este grupo de amigos, porque eso es lo que son en su sentido más íntimo, desde el instrumento al núcleo del equipo de Taburete, amigos. Amigos que se juntaron para hacer música, amigos que se juntaron para aprender a nadar rodeados de tiburones, amigos que se juntaron para llegar a pisar la luna, amigos que se juntaron para demostrarle al mundo que sí que podían, amigos que se juntaron para hacer su sueño realidad.

Y a pesar de todo, a pesar de todos, lo consiguieron. Lo han vuelto a conseguir, y lo conseguirán, mientras mantengan intacta esa manera que tienen de crear la esfera única donde poder bailar sin que nada más importe. ¿Cómo será salir al escenario delante de tantos miles de personas que han convertido tus canciones en un mantra?