Perlas en las joyas de novia

Perlas de novia: todo lo que necesitas saber sobre la joya más atemporal

Guía rápida para resolver las preguntas de las prometidas acerca de la eterna tendencia

por Estrella Albendea

Sin miedo a las supersticiones. Así ideó Lucía Bárcena, la influencer que se casó hace unos días con Marco Juncadella, su look de novia con unas joyas muy especiales. “Siempre había leído que las perlas daban mala suerte a las novias, pero yo no me imaginaba sin ellas. Suarez interpretó a la perfección lo que quería y cuando vi el primer boceto me enamoré. Simplemente eran perfectos”, contestaba la prescriptora de estilo gallega en sus redes sociales a las preguntas de sus seguidores. Sus elegantes pendientes nacarados de Suarez daban luz al rostro y, como buenas piezas atemporales, coincidían con las que llevaba su abuela entonces, en un collar al cuello. Desde que Lucía se decantara por sus perlas,  plantean sumarse a la tendencia y se preguntan por dónde empezar para acertar.

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Las perlas han estado tradicionalmente ligadas a algunos de los looks nupciales más icónicos. Royals como Mary de Dinamarca y Estefanía de Lannoy, princesa de Luxemburgo, optaron por ellas en sus pendientes para el gran día. La primera confió en un diseño largo, obra de Marianne Dulong, realizado en platino, con forma de lágrima y dos perlas de los Mares del Sur. La segunda se decantó por un formato más discreto de diamantes y pequeñas perlas redondas. Ambos estilos, diferentes y elegantes demuestran que existe una amplia tipología y variedades, que pueden adaptarse a los gustos de cada novia.

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Su procedencia importa 

Llevan años siendo sinónimo de buen gusto y sofisticación a través de accesorios de todo tipo, desde complementos para el pelo hasta detalles en los vestidos, pero es en las joyas donde las perlas gozan del mayor protagonismo. Aunque son las blancas las más habituales, existen otros tonos en su paleta de color (rosada, dorada, crema e incluso negra), que hacen de estas creaciones de nácar un bien muy preciado. La pregunta obligada es, por tanto, qué diferencia a unas perlas de otras y las hace más especiales.

El primer paso para esa novia que esté en búsqueda de la joya nacarada perfecta es entender que existen dos tipos, clasificadas en función a su origen: naturales y cultivadas. Las primeras se producen cuando la ostra recibe un estímulo externo de manera natural y desarrolla la perla sin intervención de ninguna mano humana. Es, por tanto, un proceso complicado, todo un reto al que es difícil aspirar, dado que es como buscar una aguja en un pajar, que repercute en su valor. Las segundas, sin embargo, tienen su origen en ostras perleras criadas en granjas para ello, a las que se les presenta ese estímulo exterior, que con el tiempo termina por convertirse en perla. Estas últimas, que pueden crecer en ambientes de agua dulce o de agua salada, son las más comerciales y las que más varían en su color y originalidad.

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Por todo el planeta existen regiones que han aprendido a cuidar y criar esta joya hasta construir una autentica denominación de origen. Más allá de la clásica con gran lustre blanco, la perla Akyoya, la tradicional japonesa que crece en ostras de la variedad Pinctada Fucata Martensii y Akata-gai, está cultivada en la zona de nombre homónimo (Akyoya), la región que a principios de los años 20 del pasado siglo empezó con estos campos de cultivo. Fue Kokichi Mikimoto quien inventó este método y desarrolló estas cotizadas perlas, que suelen ser delicadas y frágiles y de entre seis y nueve milímetros de tamaño. 

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Por otro lado, las perlas de los Mares del sur no se quedan atrás en popularidad. Pueden encontrarse en las aguas de Indonesia, Australia, la Polinesia Francesa y Filipinas, pero también en otros países del Pacífico. Su valor es elevado, debido a su gran luminosidad y a un asombroso tamaño, que puede llegar a los 28 milímetros. Además, pueden ser blancas o negras; en el primer caso, son raras y atractivas para los coleccionistas; en el segundo, las también conocidas como perlas de Tahití, que provienen de la especie Pinctada Margaritifera, son muy apreciadas por su tono negro o grisáceo, aunque también existen otros colores predominantes en su gama cromática.

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Las opciones más asequibles del mercado son las perlas de agua dulce, recogidas en lagos y ríos, con colores más suaves (celestes, rosados o mates) y las artificiales, de imitación, que pueden llegar a confundirse con las naturales. Para diferenciarlas basta con tener presente que las originales no son totalmente perfectas, presentan irregularidades y una textura rugosa, pesan más que las de imitación y, además, son más frías en términos de temperatura.

Fijarse en la forma

El otro gran detalle a tener en cuenta por las futuras novias es la forma de la perla. “Del total de perlas cosechadas, solo un 20% son redondas (varía con las cosechas), las demás adquieren formas en pera, ovaladas, en botón ó barrocas”, cuenta la malagueña Joyería Miguel en su web. Si bien las redondas se imponen frente a otros formatos, en los últimos meses las irregulares, también llamadas barrocas, son las más buscadas para dar un toque actual y artesanal a los estilismos nupciales. 

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Cómo llevarlas

Conocedoras de las características de estas creaciones de nácar, las novias las incluyen en sus looks para el gran día. Las más modernas lo hacen con joyas de diseño vanguardista, mientras que las clásicas apuestan por los collares, pendientes, pulseras e incluso broches más atemporales, que imitan a piezas de generaciones pasadas o que son de origen vintage. En todos estos diseños, de ayer y de hoy, la perla suele ser un elemento clave que se alía en la propuesta junto a diamantes y oro blanco.

La sofisticada tendencia está presente en el catálogo de firmas como Suarez, Rabat, Cartier, Majorica o Coolook (que prefiere el nácar a la perla tradicional) y en casas de subastas tan prestigiosas como Ansorena. Pendientes alargados, en forma de lágrima, con motivos florales o con diseño geométrico; colgantes XL, perfectos para un escote especial y anillos de compromiso diferentes, son algunas de las piezas más populares. Por tanto, las perlas se adaptan a numerosos looks nupciales sin necesidad de hacer grandes esfuerzos, pero es el estilo de la novia el que determinará el tipo de modelo que complete su vestido (o vestidos) para dar el ‘sí, quiero’.

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