Antigua, la ciudad colonial que nadie quiere perderse en Guatemala

A menos de una hora de la capital y en el valle de Panchoy, Antigua es la más bonita de las ciudades de Guatemala. Tanto es así que forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco. Junto con las ruinas de Tikal, es un imprescindibles en el país.

Por hola.com

¿Qué tiene Antigua que gusta tanto? Lo primero, nada más llegar, gusta su naturaleza verde y los volcanes que lo escoltan, como el Agua, el Fuego y el Acatenango. Pero es el volcán de Pacaya la estrella de la cordillera, asequible para cualquier aventurero que se anime a subir a él. La recompensa en la cumbre: un lago de lava dormida y unas vistas espectaculares.

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ASOMARTE AL CERRO DE LA CRUZ

Más fácil para cualquiera es la subida al cerro de la Cruz, el mejor mirador para, nada más llegar, tomar conciencia de la urbe. Desde aquí se admira la mejor vista de Antigua, protegida por el emblemático Volcán de Agua, testigo imperturbable de la evolución de esta ciudad, que ha sufrido a lo largo de los años épocas de abandono y varios terremotos y hoy vive un momento dulce.

POR SUS COLORIDAS CALLES EMPEDRADAS

Vista la panorámica, hay que bajar de las alturas y perderse por sus coloridas calles empedradas para ir descubriendo a pie esta ciudad colonial bien conservada con casi quinientos años de historia que hasta el siglo XVIII fue la capital del país. Tiene ese aire de pueblo del que nunca se ha desprendido y entre pintorescas y coloridas fachadas barrocas, templos y monasterios discurre el paseo que lleva al Parque Central, que hace las veces de plaza mayor. En ella se levanta el palacio del Ayuntamiento, la fuente de las Sirenas y la iglesia de San José, una parte de lo que fue la gran catedral de Santiago de los Caballeros (que así es como se llamaba la ciudad), y que, antes del terremoto, llegó a ser una de las más ostentosas de Centroamérica.

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En el camino surgen paradas imprescindibles para hacer fotos y sentir el poso del pasado, como el palacio de los Capitanes Generales, el convento y arco de Santa Catalina, la iglesia de San Francisco, la de la Compañía de Jesús o los conventos de Santo Domingo o de la Concepción, entre otras joyas coloniales. Con más tiempo, también se pueden visitar dos de sus museos, el de Jade y el de la Universidad de San Carlos. O apuntarse a la ruta del hermano Pedro, un santo que llegó a tierras guatemaltecas en 1650 desde su natal Tenerife para dedicarse a los más necesitados.

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PERDERTE EN SUS MERCADOS

En Antigua también saben (y mucho) del arte del regateo. Y para conocerlo de primera mano nada mejor que acercarse a sus mercados, que son un festín para la vista y el olfato. Si el Mercado Central es todo un muestrario de frutas de mil colores, el de Nim Po’t lo es de artesanías locales donde podremos hacernos con lo más típico: tejidos, cerámica, piezas de plata y oro, cerería... El mejor recuerdo de esta ciudad que nadie quiere perderse en Guatemala.

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